La economía de México creció 0.7% en 2025, según el estimado oportuno del PIB publicado por el INEGI el 30 de enero, con lo que cierra un segundo año consecutivo de crecimiento apenas por encima de cero y deja planteado un 2026 en el que el debate del nearshoring deberá convertir, por fin, los anuncios en producción. La cifra coloca a la economía entre dos relatos: un gobierno que vende reforma estructural e inversión, y un sector privado que cotiza el riesgo arancelario y la debilidad de la demanda interna (estimado oportuno del PIB del INEGI, 30 de enero de 2026).
La fisonomía de un año lento
El resultado de 2025 prolonga la desaceleración que fue del 3% y más en 2023 a alrededor de 1.2% en 2024 y 0.7% el año pasado: un aterrizaje suave de manual tras el boom pospandemia, o dos años perdidos, según el balance que se lea. Para el cuarto trimestre, la actividad se había afianzado lo suficiente para que la lectura trimestral cerrara como la más fuerte del año, en línea con la mejora de los indicadores mensuales hacia el final del período: producción industrial estabilizándose, servicios cargando con el peso, y construcción aún en contracción bajo el ajuste de inversión pública que siguió al viraje fiscal de 2024. El detalle importa menos que la composición: por segundo año consecutivo, México creció sin que la inversión aportara su participación histórica (indicadores trimestrales del INEGI).
Por qué se estancó el crecimiento
Tres lastres, bien documentados a lo largo del año. El choque comercial: las amenazas arancelarias de Estados Unidos y su aplicación parcial golpearon las exportaciones manufactureras y, de forma más dañina, las decisiones de inversión que dependen de un acceso predecible. Las obras públicas: el cierre de los grandes programas de infraestructura de la administración anterior, sumado a las reformas judicial y constitucional que hicieron dudar al capital de largo plazo, pesó sobre la construcción. Y el apretón de la demanda interna: crecimiento real de salarios positivo, pero crédito más caro y confianza del consumidor deprimida. Frente a todo eso, el empleo se sostuvo, las remesas se mantuvieron cerca de niveles récord y el comportamiento del peso le dio margen al banco central para recortar tasas: el contrapeso de política que mantuvo el año en terreno positivo.
| Año | Crecimiento real del PIB |
|---|---|
| 2023 | ~3.2% |
| 2024 | ~1.2% |
| 2025 (dato oportuno) | 0.7% |
Qué significa para 2026
El consenso que se formó alrededor del dato trata 2026 como la prueba de si el nearshoring es real a escala macroeconómica. Las metas del Plan México —mayores tasas de inversión, cadenas de suministro con mayor contenido regional, clústeres sectoriales específicos desde semiconductores hasta electrodomésticos— son el lado de la política; la revisión conjunta programada del T-MEC es el lado político; y el impulso del cuarto trimestre es el viento de cola cíclico. Los pronósticos para 2026 se concentran en un rango de 1% a 2%, lo que aun así dejaría a México por debajo de sus propias ambiciones del Plan y de la mayoría de los escenarios de rebote de la región.
La reacción de los mercados
El peso y los mercados de tasas tomaron el dato con calma: la cifra estuvo cerca de lo esperado, y la noticia relevante para la política monetaria del invierno fue monetaria, no fiscal. La atención se traslada a las impresiones de inflación y a los próximos pasos del banco central, y a si el ciclo de revisiones confirma o recorta el estimado oportuno cuando lleguen las cuentas trimestrales completas a fines de febrero.
La lectura honesta
Dos años cerca de cero no son una crisis; los fundamentales de México —empleo, cuentas externas, balances bancarios— son la envidia de los casos de estrés de la región. Pero sí es un desperdicio: el país tiene en la mano la ventaja geográfica que cada fabricante del mundo está reevaluando, y lleva dos años sin poder monetizarla más allá de bolsillos como Nuevo León. El 0.7% se lee mejor no como un veredicto sino como una postergación: la factura de la incertidumbre de política que ahora vence en un año cuyo calendario comercial ya está lleno.
Cómo leer bien un estimado oportuno
La cifra que movió los mercados es la estimación oportuna del INEGI: el estimado del PIB publicado aproximadamente un mes después del cierre de cada trimestre, construido con registros administrativos tempranos e indicadores mensuales, antes de las cuentas trimestrales completas que llegan semanas después con detalle sectorial y, meses más tarde, con revisiones. El dato oportuno existe precisamente para dar al banco central y a los analistas una lectura rápida; su costo es la precisión, y el consumidor honesto del número lo trata como un primer borrador de la historia. La cifra anual de 0.7% será verificada, y posiblemente ajustada, cuando las cuentas completas confirmen lo que los indicadores mensuales ya sugerían: un año que arrancó lento, dudó en los trimestres intermedios y terminó con su mejor trimestre, una fisonomía que importa tanto como el promedio, porque el impulso es la parte del número que se arrastra hacia 2026.
Los indicadores mensuales que alimentaron el estimado cuentan la historia regional dentro de la nacional. La estabilización de la producción industrial a fin de año siguió el corredor manufacturero del norte, donde la demanda estadounidense de electrodomésticos, vehículos y refacciones se mantuvo firme incluso mientras las amenazas arancelarias sacudían los titulares; los servicios, el componente más grande de la economía, se expandieron de forma sostenida apoyados en el empleo y los salarios reales; y la construcción siguió siendo el lastre del año, el sector más expuesto al ciclo de inversión pública. La agricultura, siempre la más ruidosa de un trimestre a otro, restó en los primeros meses afectados por la sequía y se recuperó después: un recordatorio de que en México hasta el dato del PIB tiene un coeficiente climático.
Dos notas analíticas completan la lectura. Primero, en términos per cápita: con un crecimiento poblacional cercano al 1%, un año de PIB de 0.7% es un segundo año consecutivo de caída del producto por persona, la estadística que convierte un bache técnico en un hecho político. Segundo, la base de comparación: la aritmética de 2026 no recibe ayuda de 2025, así que la recuperación que el consenso pronostica deberá generarse con inversión y consumo reales, no con matemáticas favorables interanuales.
Para el lado monetario de ese calendario, lea nuestro reporte sobre la pausa de tasas de Banxico en febrero, y siga el expediente completo en la sección de México.
