América Latina recortó las tasas de interés un ciclo completo antes que la Reserva Federal de EE.UU. porque sus bancos centrales habían subido antes y con más fuerza —a dos dígitos cuando la Fed seguía cerca de cero— y doblegaron sus picos de inflación antes de que la Fed doblegara el suyo. Chile, Perú y México dedicaron 2024 y 2025 a relajar desde sus máximos; Brasil, la excepción de la región, volvió a endurecer hasta un máximo de ciclo de 15 por ciento frente a una segunda ola inflacionaria y solo comenzó a recortar en marzo de 2026. Dos doctrinas, una región: ortodoxias que priorizan la credibilidad y divergen por el riesgo fiscal (registros de política de los bancos centrales).
La recompensa de quienes subieron primero
La cronología regional es la historia. A partir de 2021, Brasil, Chile, Perú, México y Colombia subieron las tasas de manera agresiva —Chile de 0,5 a 11,25 por ciento, Perú desde un cuarto de punto hasta 7,75, México hasta 11,25— mientras la Fed insistía en que la inflación era transitoria. Cuando la Fed finalmente siguió, la desinflación de América Latina ya estaba en marcha, lo que dio a los bancos de la región margen para recortar: Chile y Perú lideraron en 2023-2024, México siguió con constancia desde comienzos de 2024 hasta 2025, rumbo a 7 por ciento, con una pausa en febrero de 2026 con inflación cerca de 3,7. La recompensa por subir primero, dicen los manuales, es recortar primero — y la región la cobró (series de política del BCCh, BCRP y Banxico).
- Chile: pico de 11,25% → recortes desde mediados de 2023 hacia un dígito medio.
- Perú: pico de 7,75% → entre los recortes más tempranos y constantes de la región.
- México: pico de 11,25% → bajó a 7,00%, pausa en febrero de 2026.
- Brasil: recortó desde 13,75%, luego volvió a subir hasta 15,00% — recortó a 14,75% recién en marzo de 2026.
El desvío de Brasil, explicado
La divergencia de Brasil no fue un accidente de datos, sino una doctrina aplicada dos veces. El ciclo de 2021-2022 llevó la Selic a 13,75 por ciento; el recorte comenzó en 2023 a medida que caía la inflación. Luego llegó la expansión fiscal de 2024, una economía de servicios resiliente y una seguidilla de choques de oferta —y las expectativas, la variable que la política monetaria brasileña vigila por encima de todas, se desanclaron. El Copom volvió a subir a lo largo de 2024-2025 hasta 15 por ciento, el nivel más alto desde 2006, y lo mantuvo durante cinco reuniones hasta que el alivio inflacionario de febrero de 2026 justificó el recorte a 14,75 por ciento. La lección doctrinal: el banco central de Brasil trata el dominio fiscal —el riesgo de que los déficits fiscales fuercen una política monetaria acomodaticia— como su enemigo principal, y ese riesgo lo incorpora a las tasas incluso cuando la inflación headline se comporta (comunicados del Copom).
| Banco central | Pico del ciclo | Dirección a comienzos de 2026 |
|---|---|---|
| Chile | 11,25% | Recortes hacia un dígito medio |
| Perú | 7,75% | Relajación constante |
| México | 11,25% | 7,00%, en pausa |
| Brasil | 15,00% | Primer recorte a 14,75% |
Lo que dicen las tasas reales
Los caminos divergentes convergen en un hecho: las tasas de interés reales de América Latina siguen entre las más altas del mundo —las tasas de política menos la inflación se ubican muy por encima de cualquier nivel del mundo desarrollado—, lo que es el veredicto permanente del mercado sobre el premio de riesgo de la región y el precio que sus monedas pagan por la historia. Las consecuencias del carry trade le resultan familiares a cualquier mesa de monedas de frontera: las tasas reales altas atraen capital en busca de rendimiento, amortiguan las monedas y financian déficits, hasta el momento en que dejan de hacerlo. La credibilidad monetaria de la región es real y recientemente ganada; los expedientes fiscales que la harían permanente están, en todos los países, inconclusos.
Por qué importa para inversores y vecinos
La divergencia de tasas es el principal motor de precios de activos de la región: las monedas, los múltiplos bursátiles y las curvas de bonos locales operan el diferencial frente a la Fed, no los niveles absolutos. La senda de recortes de México se cotiza contra el calendario del T-MEC; la de Brasil, contra su trayectoria fiscal; la de Chile y Perú, contra sus términos de intercambio. Para las empresas de la región, el mapa del costo de capital decide la geografía del capex tanto como cualquier incentivo fiscal — y para los hogares, la diferencia entre un entorno de tarjetas de crédito al 15 por ciento y uno al 7 por ciento es la diferencia entre un consumo congelado y uno en funcionamiento.
Qué observar
El ritmo del Copom —la secuencia más vigilada de la región, hoy dependiente de los datos reunión a reunión—; la decisión de Banxico sobre reanudar los recortes tras su pausa de febrero de 2026; la propia senda de la Fed, que comprime o amplía cada cálculo de carry; y la noticia fiscal que cada banco cita explícitamente. América Latina ejecutó el experimento monetario del mundo —subir primero, recortar primero y, en el caso de Brasil, dos veces— y los resultados son hoy el producto institucional más exportable de la región.
El carry trade, en concreto
Para las mesas de divisas, la divergencia de tasas de América Latina es una posición: pedir prestado donde las tasas son bajas, mantener peso, sol, real o colón donde los rendimientos reales son altos, y cobrar el spread mientras el tipo de cambio coopere. Las tasas reales altas de la región la convirtieron en el principal destino de carry del mundo durante los años de endurecimiento, y los flujos fueron lo bastante grandes como para afectar a las propias monedas —los episodios de depreciación llegaban de la mano de las desarmadas. La disciplina que enseña esta operación es asimétrica: el carry gana de forma constante y pierde de forma violenta, porque el diferencial de tasas se acumula a diario mientras la devaluación llega en una tarde. Todo veterano del peso argentino de 2018, de la volatilidad del peso mexicano de 2024 o del real en ciclos electorales de Brasil conoce esa forma de memoria.
La implicación de política regional es de doble filo. Las tasas reales atractivas financian déficits en cuenta corriente y amortiguan las monedas —los flujos de carry son un dividendo de estabilización genuino para los bancos centrales ortodoxos. Pero esos mismos flujos son capital de buen tiempo, cuya salida amplifica cualquier choque que la provoque, razón por la cual los ministerios de finanzas de la región tratan la senda de la Fed como una variable doméstica y por la cual los bancos centrales que recortaron primero y con credibilidad —Chile y Perú— apuntaron, en parte, a normalizar las tasas a la baja hacia niveles que atraigan dinero menos volátil. La década monetaria de la región termina donde empezó: con el tipo de cambio como la disciplina que la política de tasas debe respetar.
Para las proyecciones de crecimiento que estas políticas están orientando, lea nuestro informe sobre las perspectivas regionales del FMI de julio de 2026, y explore la sección de negocios de América Latina.
